DAÑOS A LA SALUD POR LA INCINERACIÓN DE BASUREROS




Por: J. Jesús Ávila Zapién

    La tarde del viernes primero de abril pudimos observar, desde la parte más alta del cerro de Cristo Rey, una enorme estela de humo que emanaba el basurero localizado en las inmediaciones de “el Rayo”, en dirección noreste (hacia Venustiano Carranza). Para el sábado por la mañana, la “neblina” tóxica era un manto expandido a lo largo de toda la planicie de la Ciénega de Chapala, incluyendo Jiquilpan. Pero, ¿qué repercusiones puede traer para la salud una humareda de tal magnitud?…   Existe la ingenua creencia de que todo desaparece cuando se quema, pero en realidad, sólo se transforma, y para mal. La incineración de basurales, contrario a lo que piensan los iniciadores, trae más problemas que la esperada ganancia de espacio, ya que el volumen de los residuos originales refleja tan sólo una reducción del 45%, pero si se sumara la masa de los productos generados durante la combustión, como cenizas y gases tóxicos, equivaldría a repartir la basura restante, pulverizada y letalmente peligrosa (por la transformación química) entre todos los componentes bióticos del ecosistema: gente, ganado, cultivos y áreas forestales. De ello podemos concluir que la incineración no resuelve el problema de las sustancias tóxicas de los residuos, únicamente las convierte en formas más tóxicas que las originales.

    Entre los residuos peligrosos asociados a las partículas expandidas por el aire en un radio superior a los 20 km, están las dioxinas, sustancias cloradas provenientes de plásticos y PVC, las cuales son muy tóxicas, incluso a bajas concentraciones, causando una variedad de problemas como malformaciones congénitas, desarrollo anormal del feto, retraso en el desarrollo, alteraciones en los sistemas inmunológico y hormonal, desórdenes neurológicos y aumento en la incidencia de diabetes, y cáncer (de acuerdo a un estudio realizado en 1989, la exposición a bioacumulables incrementa  en 3.5 veces la probabilidad de mortalidad por cáncer de pulmón, en 1.5 veces por cáncer de esófago y 2.79 veces por cáncer de estómago1). Además, los metales pesados emitidos al medio ambiente durante la incineración (cadmio, plomo, mercurio, titanio, cromo, manganeso, hierro, bario, cobre, zinc, estroncio y estaño) causan disfunciones neurológicas, alteraciones en el sistema inmunológico, malformaciones congénitas, y problemas en los riñones y pulmones. Para muestra, uno de ellos: el mercurio,  daña en dosis muy bajas, acumulándose en las grasas corporales, atacando el sistema nervioso central, riñones y pulmones,  pudiendo incluso atravesar la barrera hematoencefálica y placenta.

    La incineración de residuos también agrava los problemas respiratorios por las emisiones de gases precursores de la lluvia ácida, gases de efecto invernadero, como el dióxido de carbono; gases ácidos, como óxidos de azufre y dióxido de nitrógeno (las partículas ultra finas han sido relacionadas con una variedad de problemas en la salud, incluyendo asma, problemas pulmonares y cardíacos).

    Relativo a los efectos en la agricultura o ganadería, Tornton2 (1996) aporta los siguientes datos:

“Las sustancias químicas emitidas por la incineración de basura se acumulan en los cultivos y el ganado, a menudo en concentraciones altas, afectando la productividad y la salud del propio ganado y/o de los cultivos”.

“En muchos países se han detectado altas concentraciones de dioxinas, furanos y

            metales pesados en cultivos y animales cercanos a incineradores”.

“Los alimentos son, para la población, la ruta de exposición a los metales pesados, dioxinas y furanos y otros productos químicos sintéticos”.

    Vista “en carne viva” la verdadera magnitud del problema, es preciso erradicar estas prácticas pirogénicas, o en su caso, prevenir y combatir los incendios espontáneos  o accidentales en los basureros (una de mis hijas comenzó hace dos días con un problema  alérgico en vías respiratorias y oído, que ya no presentaba desde hacía meses. ¿Casualidad acaso? por lo que me vi obligado a posponer mi columna cultural para redactar este artículo). La ciudadanía en coordinación con las autoridades, ¿haremos algo para combatir este problema, o seguiremos, fatalmente, padeciéndolo? 

   FUENTES DE CONSULTA:

 1Michelle Allsopp,  2001. Incineración y salud humana. Universidad de Exeter, Reino Unido. pp 16.

2Tornton Joe. 1993. Incineración de residuos peligrosos, impactos en la agricultura. Canpaña de tóxicos de Green Peace. Pp 23.

3Tangri Neil. 2005. Incineración de residuos: una tecnología muriendo. Alianza global para alternativas a la incineración. Buenos Aires, Argentina. 113 pp.

Etiquetas:

Esta nota ha sido leída por 283 personas




¡Compartela con alguien más!



y coméntanos ¿Qué opinas de esta noticia?